El Mundo de la Literatura Caballeresca
La Caballería:
A continuación en este blog se te va a hablar sobre la caballería, que es, su historia y mas. Que disfrutes.
(Se recomienda escuchar la música para una mejor ambientación)
¿Que es?:
La caballería o cuerpo de caballería es la fuerza de combate montada a caballo. Este término proviene del francés cavalerie. Se distingue generalmente entre caballería pesada o blindada (también llamada catafracto) y caballería ligera. Este término no suele aplicarse a fuerzas militares que en lugar de caballos utilizaban otro tipo de animales, como camellos, mulas y elefantes.
Durante la Edad Media, existió una institución armada que tenia un propósito, servir al rey, esta tenia por nombre "Caballeria". Por lo tanto, los caballeros eran guerreros que montaban a caballo y eran portadores de armas como espadas y lanzas. La mayoría de las veces, los caballeros solían recibir tierras o dinero como muestra de pago de sus servicios; Por lo general, un caballero era un noble que al principio comenzaba como paje y escudero, poco a poco era ascendido por sus superiores a caballero. Claro esta, que como todo, un caballero debía y tenia el deber de respetar un código de conducta.
Hoy en día, los ejércitos que mantienen fuerzas de combate a caballo son raros.Sin embargo, en muchos de ellos tradicionalmente sigue llamándose «caballería» a las fuerzas y unidades que realizan misiones similares a las de la antigua caballería, pero haciendo uso de vehículos de motor, vehículos blindados o helicópteros.
Antigüedad:
En la Antigüedad y hasta la crisis que atravesó el Imperio romano en el siglo III, la caballería se utilizaba sobre todo para la exploración y en auxilio de la infantería, que llevaba el peso de la batalla, permitiendo a la caballería efectuar rápidas maniobras para envolver al enemigo por su punto débil y aprovechar la retirada en desorden del enemigo para perseguirlo y causarle gran cantidad de bajas. Alejandro Magno fue un maestro en el uso de la caballería como apoyo a la falange macedonia. Aníbal se sirvió de su caballería formada por celtíberos y númidas para envolver la retaguardia de los romanos en Cannas y masacrar una fuerza muy superior a la suya. Julio César le dio un papel menos relevante, utilizándola ante todo para perseguir al enemigo en fuga o para provocarla en un enemigo ya «ablandado» por la infantería. También existían pueblos guerreros, principalmente asiáticos, que empleaban la caballería de forma casi exclusiva, como los partos, cuya fuerza principal eran los arqueros montados.
En los ejércitos romanos, la caballería experimentó un crecimiento importante en su número y sus funciones con el Alto Imperio, período durante el cual estaba agrupada en su mayor parte en alas o en unidades mixtas con infantería, con gran presencia de pueblos aliados de Roma. En tiempos del emperador romano Adriano, los romanos adoptaron sus primeras unidades de caballería acorazada de mano de los sármatas. Posteriormente y bajo influencia de los persas, este tipo de unidades se multiplicó. En el ejército bajoimperial, la caballería pasa a desempeñar un papel fundamental, si bien actúa conjuntamente con la infantería, ahora es la pieza clave del campo de batalla. En sus diversas formas (acorazada, de arqueros...) fue integrada en el núcleo de los ejércitos de campaña tardorromanos; esta tradición militar se vio continuada en el ejército bizantino, no así en Occidente, pues los ejércitos bárbaros de los reinos germanos surgidos del desplome imperial eran fundamentalmente ejércitos de infantería.
Edad Media:
La caballería pesada volvería a la Europa Occidental por otro camino: en el siglo VII aparece el estribo en China y se extiende rápidamente por Asia hasta Turquía y los Balcanes. Ya en el siglo VIII se conoce en Europa, al tiempo que la silla evoluciona para dar estabilidad al jinete. Bien sea por influencia árabe o más probablemente de los ávaros, la caballería acorazada se convierte en la punta de lanza de los ejércitos carolingios, que forjarán el imperio más vasto de la Edad Media occidental. De esta forma en los siglos IX y X, impulsada ahora por las necesidades de la lucha contra los invasores sarracenos, magiares y vikingos, se configura la caballería pesada típica del ejército medieval.
Mientras, en Oriente se crea otro tipo de caballería, ligera, que combate usando sable y lanza (utilizada principalmente por los pueblos árabes). También se dispone de unidades de arqueros a caballo. Los pueblos que más usan este tipo de jinetes son los mongoles y los otomanos.
Armar y dar montura a un guerrero resultaba muy caro, de forma que la caballería medieval aparece ligada totalmente al fenómeno del feudalismo. Los caballeros son señores o vasallos aventajados con poder social y económico, que guardan además la exclusividad de la caballería para su clase. Inicialmente protegidos con un traje completo de cota de malla (almofar, brafoneras y loriga) y un yelmo, que va aumentando de tamaño hasta convertirse en el siglo XII en un gran y pesado cilindro metálico apoyado sobre pecho y espalda. Al ser la cota de malla una armadura poco resistente y fácilmente traspasable, se van añadiendo protecciones extras al conjunto formadas por placas metálicas: a finales del siglo XIII y principios y mediados del XIV se introducen protecciones para los hombros, los brazos y las piernas. A finales del siglo XIV y principios del XV caballero y caballo terminarán por estar totalmente revestidos de placas metálicas, lo que da origen también a la selección de razas para obtener caballos grandes y pesados capaces de sostener el conjunto.
La estrategia de la batalla en esta época es muy simple. La caballería, protegida de pies a cabeza, se lanza en masa contra sus rivales en la batalla mediante una carga frontal. Si la infantería osa aventurarse en campo abierto, el peso y empuje de los caballos hunde sus filas y la ventajosa posición del caballero le permite descabezar y masacrar infantes con facilidad. Nada parece alterar este orden hasta que en 1346 y 1415 los arqueros ingleses, protegidos por la infantería, derrotan totalmente a la caballería feudal francesa en las batalles de Crecy y Azincourt. Finalmente el declive de la caballería pesada feudal se acelera con el desarrollo en Suiza de una nueva táctica de combate en el siglo XV: la infantería suiza avanza en cuadros apretados erizados de picas de más de seis metros, de las cuales salen filas de ballesteros y arqueros que diezman las líneas enemigas, para resguardarse nuevamente en el cuadro. Rápidamente los mercenarios suizos son contratados por los reyes europeos (en especial los reyes de Francia que combinan a los mercenarios suizos con la caballería pesada feudal con éxito durante algunos años). Esta idea es imitada y mejorada sustituyendo la caballería pesada por arcabuceros, dando lugar al tercio español que derrota a los franceses en Italia. Los tercios serían durante un siglo y medio los amos del campo de batalla en Europa, combinando sabiamente armas de asta antiguas (picas) con modernas armas de fuego (arcabuces y mosquetes).
Edad Moderna:
La caballería comienza así durante los siglos XVI y XVII a aligerarse; las armaduras pesadas ya no sirven ante las picas y los arcabuces. En la Europa central empieza a desarrollarse una caballería ligera, protegida por una coraza y armada con espada y tres o cuatro pistolas, que se acerca rápidamente a los cuadros de infantería, descarga sus armas a distancia segura y se retira o carga contra los cuadros cuando huyen o se encuentran dispersos. De todas maneras, se siguen utilizando unidades de caballería pesada que combaten con lanza y espada y llevan en ocasiones protecciones para los muslos y/o para los brazos. Sin embargo, estas unidades van desapareciendo a lo largo del siglo XVII en toda Europa.
Debido a las nuevas formas de combate, con toda la infantería armada con fusil y bayoneta, la caballería parece resurgir con fuerza en el siglo XVIII. Dada la lentitud del proceso de carga del fusil y que en la práctica es imposible acertar con seguridad a una distancia mayor de 100 metros, una fuerza capaz de avanzar a gran velocidad por el campo de batalla y efectuar una carga impetuosa parece de gran utilidad.
La caballería de este periodo se suele dividir en pesada y ligera. La pesada monta grandes caballos, a veces con protecciones en la parte frontal del animal, armada con espada o lanza. Además, algunas divisiones de caballería llevaban armaduras para protegerse de las espadas y bayonetas. Está pensada para lanzarse de frente contra la infantería, provocando con el peso e ímpetu de su carga brechas en las líneas para luego dispersar y exterminar a los infantes. Los coraceros franceses y los lanceros polacos son ejemplos de este tipo de caballería. La caballería ligera monta caballos rápidos y más pequeños, y va armada generalmente con sable; está pensada para la exploración, hostigamiento del enemigo y persecución en fuga. Los húsares son un típico ejemplo de esta clase de caballería, y entre la típica caballería pesada y la típica caballería ligera fueron los Húsares Alados Polacos.
Napoleón utilizó ampliamente ambos tipos de caballería en sus campañas. En 1815, en la batalla de Waterloo, la caballería nuevamente entra en crisis, esta vez definitiva. Wellington ordena a su infantería en cuadros, con las líneas internas relevándose en el tiro, mientras las externas presentan un frente de bayonetas. Tras varias cargas, la caballería francesa es diezmada, los cuadros británicos resisten y Napoleón es derrotado.
A pesar de las lecciones de las guerras napoleónicas, siguen empleándose viejas estrategias. En la Guerra de Secesión de Estados Unidos y la Guerra Franco-Prusiana en Europa, durante la segunda mitad del siglo XIX, los fusiles cuadriplican su alcance y puntería, masacrando a la caballería en sus cargas y utilizando los cuadros cuando era preciso.
Caballeros Famosos:
Ahora ya sabemos que es la caballería, vamos a ver a algunos de los caballeros medievales mas famosos; muchos de estos caballeros llegaron a ser nombrados reyes y son usualmente nombrados en historias, cuentos, leyendas y mas. Todo por sus grandes hazañas:
- Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador (1048-1099):
Todos los que pertenecemos a la cultura hispánica, los que hablamos español, conocemos desde el colegio a esta figura que la historia ha pintado con visos románticos y heroicos. Es nada menos que el protagonista del cantar de gesta más importante de la literatura española, El Cantar de Mío Cid, transcrito por allá por 1200. El Cid fue importante en la Reconquista de los territorios ocupados por los árabes en España, y no sólo fue un arrojado guerrero sino un estratega original y desconcertante en el campo de batalla; según los expertos, su táctica era mitad cristiana y mitad mora. Incursionaba con sus tropas de caballería en ataques rápidos –lo que se conoce como razia o algara–, manejaba por igual el cálculo y la improvisación y se convirtió en un verdadero luchador, lo que le valió el mote de “Campeador”, o experto en batallas campales.
Pero no sólo peleó para el rey Sancho II de Castilla y su hermano Alfonso VI, también lo hizo para los señores musulmanes, lo que ha significado que se lo describa como un mercenario, esto es, un soldado profesional que presta sus servicios a cambio de dinero. La verdad era que él luchaba bajo sus propias órdenes, y llegó a ser querido tanto por los cristianos como por los árabes (Cid es “señor”, en el árabe dialectal). Nuestro caballero castellano murió en Valencia en 1099.


Godofredo de Bouillón, el “Protector del Santo Sepulcro” (1060-1100):
Fue un destacadísimo militar en la Primera Cruzada. Era también el duque de Baja Lorena (Países Bajos). La primera cruzada la convocó el papa Urbano II para liberar los “lugares santos” del islam, y Godofredo fue uno de los primeros caballeros medievales en acudir al llamado. Vendió una gran parte de sus dominios para financiarse su ejército, con el que se presentó en Constantinopla en 1096, y allí brindó vasallaje al emperador bizantino a cambio de tropas y comida. Tras numerosas victorias en batallas contra los musulmanes (las de Nicea, Antioquía, o Dorilea), se convirtió en el jefe de los cruzados; éstos lo convirtieron en rey de Jerusalén en 1099, pero Godofredo declinó el título pretextando “humildad cristiana”, y prefirió el de “Protector del Santo Sepulcro”.Es el héroe de dos cantares de gesta, la Canción de Antioquía y la Canción de Jerusalén. En la época, fue la personificación del caballero medieval.Godofredo de Bouillón, el “Protector del Santo Sepulcro”.


- Ricardo Corazón de León (1157-1199):
Conocido también como Ricardo I de Inglaterra, fue rey entre 1189 y 1199. Es el rey de Robin Hood, y le decían “corazón de león” por su valentía extrema y su disposición al combate. Su madre fue Leonor de Aquitania. Luchó en la Tercera Cruzada; su vida fue una continua lucha por el poder y el trono de Inglaterra, lo que lo llevó a enfrentarse a su padre, Enrique II de Inglaterra, y a sus hermanos Godofredo, Felipe y Juan Sin Tierra.
Era el caballero en toda la extensión del término: un guerrero audaz, generoso y galante. Cuando daba su palabra, respetaba los compromisos hasta la muerte. Su impulso guerrero lo llevó a permanecer apenas 6 meses de su reinado en Inglaterra, y además desviar recursos para apoyar su cruzada y otras campañas de guerra en Francia. Conquistó Sicilia y Chipre, y los historiadores aseguran que no tenía piedad con los conquistados: masacraba sin remordimientos a aquellos que se le resistían. Murió en Francia gracias a una herida infectada.


- Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro (1330-1376):
Hijo del rey Eduardo III de Inglaterra y padre de Ricardo II, Eduardo de Woodstock fue el primer duque de Cornualles de la historia, y desde su nacimiento fue el heredero a la Corona, pero murió antes de reinar, convirtiéndose así en el primer príncipe de Gales que no fue rey. Amaba apasionadamente la guerra, tanto, que a los 16 años fue un destacadísimo soldado en la batalla de Crécy, y luchó contra los franceses en la Guerra de los Cien Años. No contento con esto, participó en cualquier conflicto internacional que requiriera de su presencia, como en la guerra de sucesión de Castilla, donde peleó junto a Pedro I El Cruel. En una de las batallas más famosas, la de Nájera, contrajo una enfermedad que lo llevaría a la muerte en 1376.
- Henry V de Inglaterra (1387-1422):
Entramos ya en las postrimerías de la Edad Media, la muerte de uno de los caballeros medievales más valientes sucedió en la segunda década del siglo XV. Fue nombrado caballero a los 12 años, en medio de una batalla, por el rey Ricardo II, quien lo tenía de rehén para que su padre, el rey Henry IV, midiera su comportamiento. Y de nuevo fue nombrado caballero por su padre, tiempo después.
Reprimió una rebelión irlandesa y derrotó los ejércitos de dos jefes ingleses que se habían sumado a ella, y se dice que de los galeses aprendió las tácticas guerrilleras que luego usaría contra los franceses. Cuando llegó al trono, quiso recuperar las tierras de Plantagenet –al menos hacía 200 años que Juan Sin Tierra las había perdido–, que él consideraba suyas. Recordemos que Enrique de Plantagenet, el padre de Ricardo Corazón de León y segundo esposo de Leonor de Aquitania, poseía dominios en Francia, y Henry V era descendiente de la casa Plantagenet; por eso decidió ir a la guerra contra Carlos VI de Francia, el “rey loco”.
Planificó una invasión al país galo y logró una absoluta victoria en la batalla de Agincourt; como parte de la victoria, se casó con Catalina de Valois, hija del rey francés.
Se cuenta que cuando conquistó la ciudad de Harfleur, envió un mensaje al rey francés ofreciéndole resolver el problema del trono con un torneo entre ellos dos, pero el Delfín rehusó. Fue inmortalizado por Shakespeare en su famosa tragedia, Henry V.


Hubo muchos más caballeros medievales que demostraron su valentía y su templanza, pero ya a partir de los siglos XV y XVI, esta figura va perdiendo brillo hasta llegar a la parodia por antonomasia de la caballería, Don Quijote de La Mancha, que abrió otras puertas hacia el “ser caballero”, tal vez más acordes con nuestra sensibilidad moderna.
Caballeros Según sus Etapas Históricas:
- Caballero en la Persia preislámica.
- Caballero en la Antigua Roma.
- Caballero de cualquiera de las órdenes de caballería (Orden de Malta, por ejemplo).
- Caballero andante, aventurero de los libros de caballerías.
- Caballeros cuantiosos o de cuantía eran los que, por el hecho de tener determinada renta, estaban obligados a mantener armas y caballo para salir en caso necesario a contener a los moros que hacían correrías e incursiones por la región.
- El caballero cubierto era un noble con grandeza de España, esto es, el que gozaba del privilegio de no quitarse el sombrero en presencia del monarca. El rey de España otorgaba esta distinción o título a un noble mandándole en voz alta que se cubriera en su presencia, y desde entonces además podían llamarse "primos".
- Caballeros de alarde, los que tenían la obligación de pasar muestra o revista a caballo.
- Caballeros de conquista. Los de conquista, como lo indica la palabra, eran aquellos a quienes se distinguía repartiéndoles las tierras que se tomaban al enemigo.
- Caballeros de la espuela dorada, los que eran armados solemne y legalmente como caballeros, con condición precisa de tener ya anteriormente nobleza o hidalguía. El dorado de la espuela era el distintivo que les daba a conocer siendo una de las señales necesarias en aquel tiempo en que se combatía cubierto con la armadura todo el cuerpo.
- Caballeros de premia, los obligados a mantener caballo y armas para la guerra.
- Caballero en plaza, jinete no profesional que actuaba rejoneando en fiestas reales o benéficas. Se llamaba también así a los rejoneadores.
- Caballeros montaneros, destinados a la vigilancia y guarda de los montes y términos concejiles.
- Caballeros mesnaderos o de la mesnada del rey. Se llamaban así por ser los que le acompañaban al rey en el trozo principal de su caballería.
- Caballeros noveles. Tomaban el nombre de noveles los que eran recién investidos con las insignias de la caballería llevando el escudo en blanco y sin divisa alguna por no haber tenido todavía ocasión de ganarla en la guerra.
- Caballeros pardos. Falta enumerar una clase de caballeros que mencionan nuestras antiguas leyes, denominados pardos y eran los que obtenían la consideración y preeminencias de caballeros a pesar de pertenecer al estado llano, por privilegio real o por llenar ciertos requisitos marcados en las leyes. No ofrece dificultad la explicación de la palabra con que se les designa, puesto que las leyes de Partidas cifraban en los colores de los trajes, distinciones del rango de los caballeros.
- Caballero villano, en la Edad Media hispánica, fundamentalmente en el Condado de Castilla y posterior reino, villano que por poseer caballo y armas, se encargaba de la defensa del territorio.
Novela de Caballería:
El libro de caballería (el término de entonces) o novela de caballerías (el término moderno) es un género literario en prosa, de gran éxito y popularidad en España, y en menor grado en Portugal, Francia y la península itálica en el siglo XVI d. C.. Se escriben desde fines del siglo XV d. C. hasta 1602 y empiezan a perder su popularidad después de 1550. Estas novelas narraban las hazañas o proezas de un caballero. El último libro original castellano, Policisne de Boecia, se publicó en 1602 y la última reedición en castellano anterior al siglo XIX d. C. fue las tercera y cuarta partes del Espejo de príncipes y caballeros, publicadas juntas en Zaragoza en 1623.
Caracteristicas:
Sus características esenciales son:
- -Estructura abierta y episódica
- Aunque se trata de un género muy cerrado, por cuanto que responde al modelo marcado por el Amadís de Gaula de Rodríguez de Montalvo, las narraciones presentan una estructura abierta de carácter episódico: las aventuras pueden prolongarse indefinidamente, y cada obra termina anunciando nuevas aventuras a cargo de los descendientes del héroe. Esto hace que siempre sean posibles las continuaciones siguiendo la pauta ya marcada por Rodríguez de Montalvo al continuar con las Sergas de Esplandián las aventuras de su padre Amadís. En este sentido es importante la amplificatio o amplificación, tanto cualitativa o exageratio (cada héroe tiene que superar las hazañas de sus predecesores) como cuantitativa (o dilatatio): la narración se dilata mediante el relato de las aventuras de otros personajes, hermanos o compañeros del héroe principal, utilizando para ello la técnica del entrelazamiento (entrelacement), heredada de la narrativa artúrica.
- -Búsqueda de honra, valor, aventura a través de diferentes pruebas
- Es una estructura episódica donde el héroe pasa por distintas pruebas (como, por ejemplo, el paso del "Arco de los fieles amadores" en el Amadís) para merecer a su dama, desencantar a un palacio, o conseguir alguna honra reservada para el mejor caballero de su tiempo. Casi siempre la motivación principal del caballero es la fama y el amor.
- -Idealización del amor del caballero por su dama
- Amor cortesano, servicio de la dama, idolatría masoquista; relaciones sexuales fuera del matrimonio con hijos ilegítimos, pero siempre terminan por casarse.
- -Violencia glorificada
- Valor personal ganado por hechos de armas; combate individual para conseguir la fama; el valor superior implica moralidad superior, excepto jayanes (soberbios); torneos, ordalías, duelos, batallas con monstruos y gigantes.
- -Nacimiento extraordinario del héroe
- Hijo ilegítimo de padres nobles desconocidos, muchas veces reyes; tiene que hacerse héroe, ganar fama y merecer su nombre; muchas veces tiene espada mágica u otros poderes sobrehumanos, y goza de la ayuda de algún mago o hechicero amigo.
- -Ideal cristiano de una Guerra Sagrada contra los turcos
- Cruzada para defender Constantinopla (perdida de verdad en 1453). Evocación nostálgica de la Reconquista (terminada en 1492).
- -Geografía totalmente fantástica
- Viajes a nuevas tierras; monstruos como el Endriago, gigantes, pueblos paganos con ritos extraños; barcos encantados que pueden navegar distancias enormes en una hora; palacios mágicos, lagos encantados, selvas misteriosas.
- -Tiempos históricos remotos, míticos
- Sin referencias a circunstancias históricas sociales contemporáneas.
- -Tópico de la falsa traducción
- Los libros se presentan como traducidos de originales escritos en griego, alemán, inglés, toscano, árabe u otras lenguas, o como "manuscritos encontrados" después de largo tiempo ocultos o enterrados.

- Ciclo de Amadís de Gaula.
- Ciclo de Belianís de Grecia.
- Ciclo de Clarián de Landanís.
- Ciclo de la Demanda del Santo Grial.
- Ciclo de Espejo de caballerías.
- Ciclo de Espejo de príncipes y caballeros o El caballero del Febo.
- Ciclo de Felixmagno.
- Ciclo de Florambel de Lucea (Francisco de Enciso Zárate).
- Ciclo de Florando de Inglaterra.
- Ciclo de Floriseo.
- Ciclo de Lepolemo o el Caballero de la Cruz.
- Ciclo de Morgante (Traductor-autor: Jerónimo Aunés).
- Ciclo de Palmerín de Oliva.
- Ciclo de Renaldos de Montalbán.
- Ciclo de Tristán de Leonís.
Series o Ciclos de Libros de Caballería:
Los sesenta y tres libros de caballerías, de los cuales hubo numerosas ediciones y traducciones, se suelen clasificar, a partir de eruditos del siglo xix d. C., en pertenecientes a ciclos o sueltos. Los ciclos principales, que pueden contener otros subciclos, son los siguientes:
Entre los sueltos figuran Arderique (del bachiller Juan de Molina), el antiguo Libro del caballero Cifar, Cirongilio de Tracia (de Bernardo Pérez de Vargas), Claribalte (de Gonzalo Fernández de Oviedo), Cristalián de España (de Beatriz Bernal), Febo el troyano (de Esteban Corbera), Felixmarte de Hircania (de Melchor Ortega), Florindo (de Fernando Basurto), el anónimo Guarino Mesquino, Lidamor de Escocia (de Juan de Córdoba), Olivante de Laura (de Antonio de Torquemada), los anónimos Oliveros de Castilla y Philesbián de Candaria, Policisne de Boecia (de Juan de Silva y de Toledo), Polindo y Valerián de Hungría (de Dionís Clemente).
Los Ciclos Mayores:
La obra más representativa de este género fue la titulada Los cuatro libros de Amadís de Gaula, escrita al parecer en el siglo xiv d. C. en tres libros, pero cuya primera edición conocida es la de Zaragoza de 1508, en la versión refundida de Garci Rodríguez de Montalvo, quien añadió el cuarto libro y además la continuó en Las sergas de Esplandián. A este siguieron Florisando, de Ruy Páez de Ribera; el Lisuarte de Grecia de Feliciano de Silva; el Lisuarte de Grecia de Juan Díaz; Amadís de Grecia, Florisel de Niquea y Rogel de Grecia, los tres escritos por Feliciano de Silva; Silves de la Selva de Pedro de Luján y la Cuarta Parte de Don Florisel de Niquea de Feliciano de Silva. Varias de estas obras fueron traducidas a otros idiomas europeos, y con ello surgieron nuevas continuaciones, como la francesa Flores de Grèce (traducción plagiaria del Lisuarte de Grecia de Juan Díaz), trece obras amadisianas en italiano debidas a Mambrino Roseo, tres obras de la serie alemana Amadís de Francia y otras tres de la serie francesa Le Romant des Romans.
Aparte del ciclo de Amadís de Gaula, el más popular en España y Portugal fue el de los Palmerines, iniciado con la obra Palmerín de Oliva (Olivia según la primera edición), atribuida a Francisco Vázquez y continuada en español por el mismo Vázquez en Primaleón y al parecer por Francisco de Enciso Zárate en Platir. En portugués, el Primaleón fue continuado por Francisco de Moraes en el célebre Palmerín de Inglaterra, este por Gonçalo Coutinho en Crónica de don Duardos de Bretaña y Diogo Fernandes en Duardos de Bretaña, y este a su vez por Baltasar Gonçalves Lobato en Clarisol de Bretaña. En Italia también se publicó una serie de obras que continuaba el ciclo de los Palmerines, seis de ellas escritas por Mambrino Roseo, y otra, Polendos, por Pietro Lauro.
Otros ciclos populares fueron los de Clarián de Landanís, del que se conservan cinco libros impresos, aunque aparentemente fueron siete; y el del Espejo de Príncipes y Caballeros o El Caballero del Febo, del que subsisten cuatro libros impresos y dos manuscritos.
Los Ciclos Menores, Obras Independientes y Traducciones:
Además de estos grandes ciclos, a lo largo del siglo xvi d. C. se publicaron en España numerosos libros de caballerías pertenecientes a ciclos menores o que eran obras independientes. Entre ellos cabe mencionar Arderique, Belianís de Grecia, Cirongilio de Tracia, Claribalte, Cristalián de España, El caballero del Febo el troyano, Félix Magno, Felixmarte de Hircania, Florambel de Lucea, Florando de Inglaterra, Florindo, Floriseo y su continuación Reymundo de Grecia, Lepolemo o El Caballero de la Cruz, Lidamor de Escocia, Olivante de Laura, Philesbián de Candaria, Polindo, Rosián de Castilla y Valerián de Hungría. En español, la última obra de este género fue Policisne de Boecia, publicada en 1602. Otras, como Adramón, Bencimarte de Lusitania, Claridoro de España, Clarisel de las Flores y su reelaboración parcial Filorante, El Caballero de la Luna, Flor de caballerías, León Flos de Tracia, Marsindo, Polismán de Nápoles y Lidamarte de Armenia, quedaron inéditas, mientras que del manuscrito de Clarís de Trapisonda solamente se conservan dos folios. También se sabe de la existencia de varios de los que no se conserva ningún ejemplar, como Leoneo de Hungría, Leonís de Grecia, Lucidante de Tracia y Taurismundo.
En Portugal tuvo una especial popularidad la obra Clarimundo, que llegó a reimprimirse incluso hasta fines del siglo xviii d. C..
En algunos estudios sobre los libros de caballerías españoles se incluyen también la obra medieval El Caballero Zifar y especialmente la novela valenciana Tirant lo Blanch, de Joanot Martorell, que fue publicada por primera vez en 1490 e impresa en castellano en 1511. También se han estudiado como parte del género diversas obras francesas e italianas, traducidas al castellano, y que relatan aventuras legendarias de los caballeros del Rey Arturo, como El baladro del sabio Merlín, La demanda del Santo Grial, Tablante de Ricamonte y Jofre y Tristán de Leonís, o de los legendarios paladines de la corte de Carlomagno, como La historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia, Reinaldos de Montalbán, Guarino Mezquino, Morgante y Espejo de caballerías. La versión española del Tristán francés fue continuada en España en una obra conocida como Tristán el joven y los dos libros del Espejo de caballerías, refundición y arreglo de obras italianas, fueron continuados en español en un tercer volumen. Otra obra francesa cuya traducción fue muy popular en España fue Oliveros de Castilla. En Portugal, los continuadores del ciclo artúrico produjeron la obra Triunfos de Sagramor y los del carolingio prosiguieron La historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia en varias obras más.
Estudios:
El primer estudio general sobre los libros de caballerías españoles fue el Discurso preliminar de Pascual de Gayangos y Arce (1857), preliminar al primer tomo de Libros de caballerías en la Biblioteca de Autores Españoles, cuyo segundo tomo no llegó a publicarse. Se refirió también a los libros de caballerías portugueses. Gayangos dividió los libros de caballerías y las obras conexas con ellos en seis grandes clases: 1) libros de caballerías del ciclo bretón o ciclo artúrico, 2) libros de caballerías del ciclo carolingio, 3) libros pertenecientes al ciclo greco-asiático (que dividió en tres secciones: los Amadises o libros del ciclo de Amadís de Gaula y sus continuaciones, los Palmerines o libros del ciclo de Palmerín de Oliva y sus continuaciones, y los libros independientes de los ciclos anteriores), 3) Historias y novelas caballerescas (obras por lo general de corta extensión o cuya relación con el tema caballeresco es indirecta), 4) libros de caballerías a lo divino, como la Caballería celestial, El caballero del sol y otras obras semejantes, 5) libros caballerescos fundados en asuntos históricos, principalmente españoles, y 6) Traducciones e imitaciones del Orlando y otros poemas caballerescos en castellano.
Otro importante estudio sistemático del género, aunque menos conocido que el de Gayangos, fue el publicado en portugués en 1872 por el diplomático brasileño Francisco Adolfo de Varnhagen, barón de Porto Seguro, Da litteratura dos livros de cavallarias: estudo breve e consciencoso (Viena, Imprensa do Filho de Carlos Gerold). En inglés, la obra pionera sobre la materia fue la de Henry Thomas Las novelas de caballerías españolas y portuguesas (1920, publicada en español en 1952). En años recientes destacan los valiosos trabajos de Daniel Eisenberg, María Carmen Marín Pina, José Manuel Lucía Megías y muchos otros eruditos.
Linea de Tiempo:
¡Muchas Gracias por Ver!
Espero les haya gustado este blog.
Autora: Mary J. Alvarado Davila
















Comentarios
Publicar un comentario